Nuestra ruta (I): San Juan de Ulúa a Quiahuitzlán

Nuestra ruta, paralela a la costa. Fuente: Google Maps.

Relato de viaje por Sergio Suárez:

Día 9 de enero. Amanece en Veracruz. El pico de Orizaba, imponente –el más alto de todo México-, se erige al fondo como faro de guía hacia el interior de la Nueva España. Su pico nevado marca el punto de destino de nuestra ruta. Hacía allá adentro se dirigió Hernán Cortés en su aventura por territorio mexicano. Este pico nevado asombró a Cortés y nos sigue asombrando hoy.

No hay tiempo que perder. Tomamos un taxi hasta la fortaleza de San Juan de Ulúa. El antiquísimo escenario conserva dos de sus torreones y baluartes, aunque la ampliación del muelle ha hecho que el baluarte de Santiago permanezca oculto entre los cargueros, las grúas y contenedores de mercancía. Quien visita hoy la fortaleza de San Juan de Ulúa puede perderse entre sus arcos y bóvedas envejecidas en las que la sal ha creado extrañas y fantasmagóricas estalactitas y estalagmitas.

Nuestra siguiente para

Resulta asombroso que la conversación en el taxi gire en torno a la santería y los curanderos en el actual estado de Veracruz. Que nos mencione la importancia de la Ayahuasca, del Perote y del Palo santo para purificar el cuerpo y el espíritu de los viajeros. Que nos explique cómo un simple huevo de gallina puede absorber toda la energía negativa de tu cuerpo por medio de un ritual singular en el que el huevo roza todo el cuerpo.

Pero cambiemos de tema pues el clima es sofocante y nos devuelve a la realidad: nuestra ruta y aventura por la Nueva España. Quinientos años después de que llegara Hernán Cortés. Qué difícil se hace para los europeos adaptarnos al clima tropical, pegajoso.

Cómo ha cambiado el mundo. Imaginemos a Cortés y a Bernal Díaz del Castillo caminando por estas tierras, con unos cuantos caballos pero sin medios de locomoción que facilitaran los desplazamientos. Nosotros hoy viajamos en avión hasta México y utilizamos los modernos medios de transporte (como el coche) para subir y descender montañas y cambiar de altitud.

Dejaremos atrás Veracruz para adentrarnos en la espesura de la selva mexicana. Dirección a La Antigua, donde Cortés optó por construir su casa y hacienda. La Antigua da nombre a la primera Veracruz fundada por los españoles que cambiaron hasta en tres ocasiones de localización y emplazamiento su residencia por factores climáticos, meteorológicos y por la salubridad. En el recorrido hacia La Antigua, en todo momento, nos acompañan camiones que transportan las famosas cañas de azúcar. El paisaje nos fascina pues a uno y otro lado nos rodean lagunas verdes llenas de serpientes y cocodrilos. Tenemos suerte de no encontrarnos con ninguna de estas especies de cara. Y seguimos en paralelo con la costa dirigiéndonos hacia el norte, en busca de un lugar más amable para vivir, tal y como hizo Cortés.

El contraste entre urbe y mundo rural es asombroso. Sabemos que hemos llegado a La Antigua cuando el asfalto da paso un camino de tierra. A la entrada de La Antigua varios mexicanos se acercan a nuestro coche para ofrecerse como guías en nuestra aventura. Paramos en la iglesia del Santo Cristo del Buen Viaje, una iglesia sobria y elegante. A su puerta, un ejército de hormigas rojas muestran el camino hacia la antigua hacienda de Cortés, hoy semidestruida, pero que deja adivinar e imaginar las estancias en las que consistía y sus caballerizas. La comunidad local sigue cuidando, con los escasos recursos de los que disponen, de un trozo de la historia del mestizaje entre españoles y mexicas, por lo que la propina se hace necesaria para que sigan conservando este histórico lugar.

De ahí partimos hacia el río que tanto trabajo supuso a los españoles cruzar. Sobre él, hoy se erige un curioso puente colgante. Barcas a uno y otro lado de la orilla invitan al viajero a explorar estas aguas turbias y peligrosas. El río es caudaloso y profundo, y la pesca se ha convertido en una de las principales fuentes de recursos. Para llegar al río una ceiba gigante nos da la bienvenida y resguarda bajo su inmensa copa un bonito mercado de productos artesanales. El pueblo de la Antigua nos permite imaginar los inicios de esta población y esas crónicas de viajes antiguas en las que se referían a la insalubridad de las calzadas.

Nuestro viaje continúa hacia al norte, en paralelo con la Costa porque Cortés pidió a sus comandantes de navíos que fueran a explorar más adelante, en busca de un lugar para resguardarse de los vientos del Golfo de México. La próxima parada es la histórica ciudad de Cempoala donde el capitán español reclutó a los primeros mexicanos enemigos de Moctezuma. Podría afirmarse que en Cempoala comenzó la Conquista de México por los españoles, y también por los propios mexicanos. Allí conoció al cacique Gordo y comenzó el mestizaje.

IMG_20200109_140853

IMG_20200109_141234

Durante la ruta a Cempoala, los cruces de la carretera y los sobresaltos (denominados también “muertos”, en otros países) hacen que detengamos el vehículo. Casi al instante, varios mexicanos se acercan a nuestro coche para ofrecernos zumos, frutas y bebidas de caña de azúcar, con el objetivo de que mitiguemos el calor. El tiempo apremia y el viaje es largo. La llegada a Cempoala es inminente. Una vez en la puerta de entrada al “poblazón”, una señora nos ofrece unas deliciosas naranjas para disfrutar de las ruinas del lugar. Antaño “lugar de las veinte aguas”, en lengua nahuatl, es un lugar inhóspito y seco. Tras un debate con el guía sobre si las costumbres de los españoles fueron más dañinas que las costumbres mexicanas, la visita a Cempoala nos sorprende. El entorno conserva elementos patrimoniales de gran valor. Desde el punto de vista histórico pueden admirarse varias pirámides y templos, alguno de ellos circular. Desde el punto de vista natural, existe en Cempoala una interesante iniciativa sobre catalogación de especies vegetales prehispánicas. La tienda de artesanía, a la entrada de las ruinas, merece una visita que sirva de reposo ante tanto arte. Cientos de productos artesanales nos dan una idea del rico patrimonio mexica. Nosotros, que no tenemos mucho tiempo para entretenernos, seguiremos nuestro viaje hacia Quiahuiztlán, “el lugar de los dos mundos”.

PANO_20200109_153436.vr

P

Y en verdad parece que cambiamos de mundo. El terreno llano deja paso a las primeras montañas de la Sierra Madre, esa que recorre México de norte a sur y que se presentan, a cada kilómetro, más y más escarpadas junto al Mar. La vegetación se hace cada vez más frondosa y las poblaciones (o poblazones, como decía Bernal) escasean. De repente, un elevado peñón nos indica que hemos llegado a nuestro destino. El cerro de los metates o cerro Bernal nos enseña un contraste espectacular entre el mar y montaña. El montículo es asombroso. Subimos hasta donde podemos dejar el coche para visitar el cementerio de Quiahuiztlán. Los buitres negros nos sobrevuelan. Es destacable el exquisito cuidado del medio natural de la comunidad local. Ni una muestra de basura. Desde el cementerio totonaca, el golfo de México se ve hermoso y poderoso y perfila una costa blanquecina que invita a visitar sus aguas. Sin tiempo para pensarlo bajamos a la playa de la Villa Rica donde hace 500 años Hernán Cortés decidió crear una ciudad, fortaleza e iglesia. Buscamos la fortaleza de Cortés sin suerte. Y, agotados de este primer día de viaje, decidimos observar el azote del mar en la playa y degustamos un “Devuélveme la vida” hecho con una salsa de tomate, limón y cilantro, con camarones y peces rosas de intenso sabor. El mar está bravo, y eso que no hace excesivo viento. Al fondo, un islote blanco, coronado por una cruz nos vuelve a recordar a Cortés y su aventura.

El día acabará en Xalapa donde descansaremos antes de continuar con la aventura de la ruta de Cortés por Nueva España.

Captura de pantalla 2020-02-04 a las 23.10.11
Presunta ubicacion del fuerte de Cortés

IMG_20200109_163311
La Playa de la Villa Rica